Monday, July 30, 2007


Juan Forn habla de su traducción de “Mescalito”, rareza de Hunter Thompson

Arde, Doctor Gonzo

Primero como edición fantasma de 300 ejemplares y ahora traducido por el escritor argentino, llega a Chile, la última pelada de cables del periodista más osado y odioso del siglo pasado. Y de regalo, Forn nos adelanta su nueva novela.

Franco Fasola

El 18 de julio hubiese cumplido 70, pero un balazo lo voló del planeta hace dos años. Recordado como una de las plumas más afiladas de la prensa norteamericana, el excéntrico de Hunter Thompson vuelve de la mano de una traducción del argentino Juan Forn. Acá, el fundador del suplemento Radar de “Página/12” nos lleva en un viaje iniciático por las arenas movedizas de las drogas, las alucinaciones y la mayor incorrección política del creador de “Pánico y locura en Las Vegas”. Además, Forn nos habla de su nueva obsesión, “María Domecq”.

–¿Cómo defines el trabajo periodístico-literario de Hunter Thompson?

–Esencialmente, Thompson es un periodista, porque todo lo que escribió lo hizo por encargo. Como decía Tom Wolfe, era uno de los tipos menos meticulosos en cuanto a la investigación de los datos que existían, pero gran parte de sus interpretaciones delirantes estuvieron más cerca de la realidad que la de los periodistas más puntillosos de la época.

–Anárquico, la mayoría de las veces.

–Su retrato del frente interno norteamericano en la época de Vietnam es de los mejores. Los sucesivos asesinatos de Martin Luther King, Bobby Kennedy, la cama que le hicieron a los Panteras Negras para meterlos en cana y exiliarlos, él se dio cuenta. Él fue el que mejor describió, de todos los norteamericanos, la muerte del sueño sicodélico. Pero al mismo tiempo, su defensa de las armas me parece bastante desagradable.

–Parece que necesitaba siempre tener que fastidiar, como en “Mister Screwjack”, el cuento que tradujiste en “Mescalito”, donde siente deseos sexuales por su gato.

–Básicamente, el tipo quería provocar. De hecho, trató de ser alcalde de Aspen. Y estuvo a punto de ganar. Pero lo más ridículo de todo era que por lo menos el 50% de sus votantes eran amantes de las armas, como los de la asociación que tenía Charlton Heston. Thompson tenía un radar para detectar al pequeño fascista que todo norteamericano lleva dentro. Además, denigraba a las mujeres todo el tiempo.

–Aunque su trabajo era por encargo, fue fundamental en convertir la revista “Rolling Stone” en un ícono.

–Ellos siempre le preguntaban de qué tenía ganas de escribir. La combinación que se hizo entre “Rolling Stone” y Hunter Thompson se basó en que él definió en gran medida el registro verbal de la revista. Las dos mejores prosas de esos tiempos eran las de Lester Bangs [crítico musical] y Hunter. Y Bangs no iba a escribir en la “Rolling...” ni con una pistola en la cabeza. Y todos los que escribían música allí tienen esa prosa blandengue que tienen todos los periodistas de rock. Lo que le daba Hunter a “Rolling...” era filo.

–Claro, más político.

–Y no sólo político, viste. Prosa afilada, manera de pensar arriesgada, sin red debajo.

–En la carrera de Thompson también hay un intento de desdibujarse todo el tiempo.

–Me parece que ésa es una de las grandes paradojas que al propio Thompson le debe haber sorprendido. Creó una persona pública extraordinariamente áspera y polémica para la escena norteamericana. Y 20 años después se convirtió en un payaso. Las mismas cosas que antes le podían generar cárcel, después lo convertían en noticia de los programas de farándula de la tarde. Él fue el primero en darse cuenta de cómo había perdido el tren. Todos estos tipos que consiguen pelear por alguna forma de libertad de expresión, después el tren se les pasa y muchas veces se lo lleva puesto.

–Él lo hacía alevosamente, disparándose en los pies y riéndose de su propia figura.

–A diferencia de otros tipos transgresores que me resultan más atractivos, como por ejemplo Jean Genet, que nunca fue esclavo del personaje que había creado, en el caso de Thompson, debe ser porque el otro es francés y éste de Estados Unidos, donde todo lo que aparece como oposición al sistema es deglutido rápidamente.

–¿Cómo le explicarías a una persona qué significa periodismo “gonzo”, que era lo que practicaba Thompson?

–Yo creo que viene un poco de “bonzo”. En la tradición oriental eran los tipos que ardían para demostrar sus ideales. En algunos casos ardían metafóricamente y en otros en forma real, como los monjes budistas que se prendían fuego en protesta al régimen maoísta y a la guerra de Vietnam. En ese sentido, cuando irrumpe Hunter Thompson, la sensación que uno tiene es de alguien que quiere arder en nombre de lo que tiene para decir, para seguir con lo que decía Nietzsche: “Di tu palabra y rómpete”. Pero lentamente uno va descubriendo que a Thompson le gusta más tomar sustancias sicotrópicas y escandalizar a personas que se iban a escandalizar igual casi por cualquier cosa.

–¿Era un reaccionario?

–No. Yo creo que no tenía agenda política, lo único que le interesaba era la posibilidad de la transgresión. Pero la política progresista no es sólo destrucción de paradigmas reaccionarios, sino que construcción de nueva política. A él le interesaba la parte anarco-destructiva de la cuestión.

–Incluso trató de recuperar un ejemplar de “Mescalito” a punta de pistola a un fan que quería que le firmara el libro.

–Hunter está lleno de anécdotas como ésa. Por ejemplo, ¿viste el personaje del gordo samoano de “Pánico y locura en Las Vegas”? (interpretado por Benicio del Toro). Era realmente Óscar Z. Acosta, que era un abogado chicano que de hecho publicó dos libros. Y el tipo se desvaneció en el aire. Aparentemente murió el ’74, pero no hay pruebas. Los de “Rolling...” dicen que hasta 1982 le siguieron llegando viáticos de supuestas travesías haciéndole informes a Hunter Thompson.

–En “Mescalito” sus dos heterónimos (Raoul Duke y el poeta FX Leach) mueren de la manera más insólita. ¿Cuál es el mensaje?

–Adscribo a la teoría de que creía que toda persona como él tenía que arder. LCD

FORN: DE “EL GRAN GATSBY” A “MADAME BUTTERFLY” CRIOLLO

–Antes de transcribir “Mescalito” lo hiciste con “País de nieve”, de Yasunari Kawabata, y “Bullet Park”, de John Cheever. ¿Cómo llegas al proceso de la traducción?

–Es una manera de purificar. El equivalente al helado de limón entre plato y plato que comen los gourmen. Especialmente desde que vivo en Villa Gessell (ciudad costera de 30 mil habitantes) que tengo más tiempo, y me gusta hacerlo cada tanto. Tengo una propuesta para hacer tres o cuatro cosas más. Algo con una primera versión de “El gran Gatsby”, de Fitzgerald, que se llama “Trimalchio”, que en realidad es un personaje de “El satiricón”, de Petronio. Cuando Fitzgerald escribía “El gran...” salió el “Ulises” de James Joyce. Y descubrió que estaba escribiendo una respuesta perfecta, pero luego se arrepintió porque no tenía el perfil intelectual de Joyce. Luego le sacó el título y un capítulo entero.

–¿Cómo va tu novela “María Domecq”?

–Es un libro autobiográfico que parte con la historia de que aparentemente el personaje de Benjamin Pinkerton [el oficial occidental de que se enamora la geisha] en “Madame Butterfly” pudo haber sido mi bisabuelo. Eso era lo que contaban en mi familia. Un día un historiador argentino me dice: ¿usted sabe que Puccini se pudo haber basado en su bisabuelo para hacer “Madame Butterfly”? Ahí me puse a investigar y de ahí parte el libro. Sale el 1 de septiembre en Emecé.


Marc Augé, etnólogo francés
El hombre sin lugar

Desde los rituales de tribus africanas al anonimato del Metro de Santiago. Ese es el viaje que realiza Augé, quien esta semana estará en Chile para hablar sobre arquitectura, ciudad y antropología. Acá, un adelanto.

Franco Fasola

Cómo pasar del estudio de las prácticas de brujería y de profetas sanadores de Togo o Costa de Marfil, a hincarle el diente a los mundos contemporáneos, dominados por supermercados, hipercarreteras, aeropuertos y el Metro. El etnólogo francés Marc Augé –con sus famosas teorías sobre los no lugares y la sobremodernidad– dio el salto para tratar de entender esos espacios donde muchos pasamos gran parte de nuestras vidas y donde no hay posibilidad de establecer relaciones perdurables o construir historias comunes.

“La etnología puede ayudarnos a comprender lo que nos resulta demasiado familiar como para dejar de parecernos extraño”, escribió en “Un etnólogo en el subte” este francés profesor de Antropología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, que este miércoles en la Biblioteca Nacional (19 horas, Sala América) dictará una conferencia titulada “La antropología, la ciudad y la arquitectura”. Desde Argentina, Augé contesta, sumergido en un computador, desde un hotel y a pocas horas de tomar un avión a Chile.

–¿Qué importancia le da a los pequeños rituales en la vida de las personas que habitan grandes urbes?

–No hay realmente “pequeños” rituales. Hay rituales fuertes y otros “débiles” que se practican por fuerza de la costumbre. Los rituales de la vida cotidiana son “grandes” en la medida que conciernen a millones de personas, como por ejemplo mirar los noticiarios a la noche, el almuerzo del domingo en familia, etc. Un ritual “fuerte” es un ritual que no repite solamente sino que inaugura, que es percibido como una apertura hacia el futuro, pero hay muchos rituales, en el sentido débil de la palabra, que simplemente se repiten. Otro aspecto del ritual es la cosmología que se sitúa por detrás. En nuestro mundo, la tecnología sustituye la cosmología, de tal manera que estamos siempre dependiendo de una cierta representación del planeta entero bajo sus aspectos económicos, ecológicos o políticos.

–¿Cómo incidió la dictadura de Pinochet en la configuración actual de nuestra sociedad, hiperconsumista y laboratorio del sistema neoliberal?

–No hay necesariamente una relación inmediata de reciprocidad entre el régimen político y el económico. Pensemos en Franco y en España, por ejemplo, cuyo desarrollo económico empezó bajo la dictadura de éste. Ahora mismo hay muchas relaciones económicas entre las grandes potencias del mundo y las dictaduras políticas. Es posible que, a largo plazo, el sistema de la comunicación generalizada complique las cosas para los gobiernos dictatoriales, pero no es seguro.

–Usted ha dicho que la televisión ordena el tiempo. ¿Cómo influye la sobrevaloración de la imagen en las nuevas formas de relación?

–En la cultura de las imágenes, cada uno finalmente tiene una relación privilegiada con una imagen de sí mismo. El riesgo en esta cultura es perder la conciencia del otro. Pensamos que conocemos a todos los que vemos en la pantalla de televisión o de la computadora, pero no los conocemos sino que los reconocemos. Conocimiento y reconocimiento son dos cosas bien distintas.

–¿Piensa usted que nuestra cultura propicia el desarrollo de la individualidad?

–Depende de qué tipo de individuo se trate. El individuo consumidor no es el individuo en el sentido pleno de la palabra. Un individuo existe como tal a través de sus relaciones con los otros, en la medida en que esas relaciones son libres y expresan a la vez su voluntad y sus gustos.

–Usted sostiene que la historia es una mezcla de horrores, errores y progresos. De los anteriores, ¿cuáles son los que más han marcado el desarrollo de Sudamérica?

–Los tres, evidentemente. Pero no conozco un país del mundo a propósito del cual no se podría decir tal cosa. Pero, evidentemente, el pasado dictatorial de países de América del Sur es muy reciente y está presente en la memoria de cada uno, pero tenemos que saber que hay países en el mundo que no tienen siquiera la más mínima idea ni experiencia de lo que es una democracia. En comparación, me parece que podemos ser optimistas y considerar que América del Sur y sus luchas son un ejemplo para todos, a pesar de todos los problemas que todavía existen.

–Nuestras autoridades nos dicen que Chile se transformará en una nación desarrollada entre el 2010 y el 2018, planteamiento básicamente fundamentado en parámetros económicos. A su juicio, ¿cuáles son los elementos que condicionan que una sociedad sea “desarrollada”?

–El desarrollo no tiene que ver solamente con los parámetros económicos, sino con la capacidad de existir de manera relativamente autónoma, debido a la evolución de la sociedad y de la educación. El desarrollo, en el sentido fuerte de la palabra, es el de todos los ciudadanos. Es decir, que implica la solidaridad (la república), la igualdad (la democracia) y la educación (la libertad).

–Usted ha dicho que un grupo que se repliega sobre sí mismo y se cierra es un grupo moribundo. Analistas de todo tipo, recurrentemente plantean que por nuestra situación geopolítica, Chile es una isla. ¿Este aislamiento nos convierte en una sociedad moribunda?

–Una isla no es necesariamente un lugar aislado. Se ha hablado mucho de Chile por su capacidad de lucha contra la dictadura y siempre he tenido el sentimiento de que Chile estuvo presente en la conciencia de los demócratas del mundo, lo cual no tiene nada que ver con el aislamiento geográfico y, por otro lado, la geografía no tiene nada que ver con lo político.

–En Santiago se está produciendo un gran cambio en el sistema de transporte público que ha traumatizado a la población. ¿Cómo cree que incide ese ítem en el desarrollo social?

–No sé qué pasó precisamente en Santiago, pero creo que el transporte público, hoy en día más que nunca, forma parte del espacio público de la república. Es un lugar que todos los ciudadanos pueden compartir, al menos teóricamente, y me parece muy importante que sea objeto de atención de todos los poderes públicos.


Entrevista a JORGE DREXLER

BENDITA OSCURIDAD

Entre separaciones matrimoniales, vuelos intercontinentales, premios Oscar y un indudable talento, se fue cocinando el éxito de este uruguayo, médico e hijo de una familia judía que escapó del Holocausto. Acá, el hombre-faro habla de “12 segundos de oscuridad” y adelanta su presentación del 24 de abril en el Teatro Caupolicán.

Franco Fasola

“¿En qué hotel, de qué ciudad / en el que ahora me desvelo / me estoy sintiendo lejos / de qué casa / a cuántas horas de aquí de vuelo?”
(“Hermana duda”, del disco “12 segundos de oscuridad”).

La abrupta historia del uruguayo Jorge Drexler (42) podría dar incluso para una novela. Ganador de un Oscar por su canción “Al otro lado del río” de la película “Diarios de motocicleta”, la organización no lo dejó cantar en la premiación por tener “muy bajo perfil”. Hijo de una familia de judios que escapó del Holocausto, entre sus oficios cuenta el haber sido salvavidas, cantante de sinagoga y enfermero. Médico de profesión y con especialidad en otorrinolaringología, un buen día decidió dejar el trabajo al que toda su familia se había entregado para dedicarse a cantar y escribir canciones.

Luego de que Joaquín Sabina le pidiera que lo teloneara en tres conciertos en España, Drexler se terminó quedando a vivir allí. Esta semana su último disco “12 segundos de oscuridad” ganó en la categoría de “Mejor Álbum” en la XI Edición de los Premios de la Música, uno de los trofeos más importantes que entrega cada año la Academia de las Artes y las Ciencias de España. En Chile lo tendremos el 24 de abril tocando en el Teatro Caupolican sus mezclas de samplers, milonga y sólidas letras que lo han catapultado a ser reconocido como uno de los mejores cantantes de Hispanoamérica.

Desde Madrid nos trata de explicar quién es este hombre que últimamente le canta a lo rudo que puede ser una ruptura matrimonial entre hoteles, insomnio y efecto jet-lag.

- A propósito de Semana Santa, el filósofo Fernando Savater acaba de lanzar el libro “La vida eterna” y ahí dice que “la religión ya no es el opio del pueblo, sino que la cocaína”?

- Savater es uno de mis pensadores favoritos, estoy leyendo ese libro ahora. No podría coincidir más con él. Además es una persona muy valiente, que está jugándose la vida a diario aquí en España, enfrentando directamente a los líderes de la ETA. Concuerdo con Savater en cuanto a la religión organizada. No estoy hablando de la religiosidad, ni de los creyentes. Personalmente no soy creyente. Lo que si me parece es que la religión está siendo usada como móvil y excusa para un montón de cosas. Todo el mundo cree tener a Dios de su lado y nadie se pone en el lugar del otro. Cosas que uno pienso que no iban a estar encima de la mesa, como guerras santas, están ocurriendo todo el tiempo.

- En Chile hay mucha gente que sólo te identifica por “Me haces bien”, una canción que aparece en un comercial de pollos...

- Esa canción la hice hace varios años para un comercial de sopas en Argentina, que ganó un premio (Martín Fierro 2002) a la mejor publicidad del año. No he vuelto a trabajar mucho en publicidad, pero tampoco creo que sea incompatible con la honradez. Por lo general reviso las campañas, no trabajo con marcas de tabaco, industrias contaminantes, pero me gano la vida en esto. Soy parte de la sociedad de consumo y participo de ese juego.

-Tu te defines como “cancionista”...

- No. Ja ja ja. No es mi trabajo definirme. Si alguien quiere hacerlo, que responda por eso. Yo respondo por las canciones que escribo. Soy un mal definidor. Cancionista simplemente es una persona que hace canciones, de manera más o menos textual. No me gustan los casilleros, y cuando me pusieron el de trovador, aparentemente eso venía acompañado de una temática, de una arreglística determinada y a mí me interesa el mundo en su totalidad.

-En uno de tus discos trabajaste con poemas de Neruda ¿Cuál es tu conexión con Chile?

-Eso fue parte de “Eco2”. Fue una invitación que me hicieron para el aniversario de Neruda. Me encantó hacer “La oda del tomate”, donde había poesía recitada y electrónica, que no había hecho nunca. Fue un gran privilegio. Chile me interesa sociológicamente porque funciona como una isla entre las montañas y el mar, con su propia idiosincrasia. Tiene una estructura geográfica única. Hay escritores y músicos que han vivido ahí que han sido referentes para mí. Me gusta Víctor Jara y su conexión con la raíz. Me gusta mucho Violeta Parra, una de mis compositoras favoritas.

-Y tal como en Víctor y Violeta, el tema de la raíz y la contemporaneidad también está en tu música.

-En diferentes épocas, puede ser que si. No lo sé. De alguna manera estoy cada vez más metido dentro del individuo. Este último disco habla sobre la persona, no sobre sus tradiciones, aunque está la milonga por todos lados sonando. Es un disco que mira hacia adentro.

-“12 segundos de oscuridad”, el disco vienes a presentar, es a veces sombrío.¿Cómo vives tu proceso de componer canciones?

- Para mí componer es un proceso muy removedor. En este disco, en vez de exteriorizar el aspecto luminoso de las cosas, como había preponderado en mi trabajo, me he centrado en lo que se puede obtener de los momentos de oscuridad de la vida, de incertidumbre, de desasosiego, de dudas, de desconcierto. De ahí la metáfora del faro, que no sólo guía por la luz, sino por el intervalo de oscuridad entre dos luces. A mí me gustaba pensar que uno tiene cosas que aprender de los momentos de duda. La duda no es un enemigo en este disco, sino que una herramienta. En vez del grito “arriba los que luchan”, diría yo “arriba los que dudan”. El mundo está lleno de gente que nos hace preguntas, de gente que piensa que tiene la razón y punto, y que no se pone en el lugar del otro.

Wednesday, January 17, 2007


Eva Green, la francesa que le roba el corazón al agente 007
Los encantos de la nueva chica Bond
En los libros de Ian Fleming, Vesper Lynd es la primera mujer de la que se enamora James Bond. Conozca a la actriz francesa de 26 años que se roba la película en “Casino Royale” y que fue definida por Bernardo Bertolucci como “tan bella que es indecente”.
Franco Fasola
La Nación

Mientras en el mundo ya está dando vueltas, en Chile “Casino Royale 007”, la cinta número 21 de la saga del agente británico, será estrenada el 7 de diciembre.
Y aunque el debut del actor Daniel Craig en reemplazo del último Bond, Pierce Brosnan ha logrado captar toda la atención, con el pasar de los días, la actriz francesa Eva Green, que interpreta a Vesper Lynd, una oficial de la Secretaría del Tesoro que jugará Bond en el póquer, se roba la atención.
Basada en la primera novela de Ian Fleming sobre las aventuras del agente secreto, “Casino Royale” es el regreso a las catacumbas de la carrera de Bond. En ésta, la que sería su primera misión como el agente 007, Bond debe llegar hasta Le Chiffre-interpretado por Mads Mikkelsen-, el banquero de los terroristas del mundo.
Para detenerlo, Daniel Craig debe derrotar a Le Chiffre en un ultra millonario juego de póquer en el Casino Royale.
No convencional
Y es allí donde Eva Green entra al baile. La francesa de 26 años, de padres actores y que debutó en el cine el 2003 junto a Bernardo Bertolucci en “Los soñadores”, encarna a Vesper Lynd, quien le entrega la apuesta para el juego y cuida el dinero del gobierno. Sin embargo, como Bond y Vesper sobreviven a los ataques de Le Chiffre y sus secuaces, se desarrolla una atracción mutua que los llevará a un peligro todavía mayor, que marcarán la vida de Bond para siempre.
“Vesper no es la clásica chica de Bond, en bikini, sexy y disparando armas”, dice la francesa Eva Green.
En la novela de Fleming, Vesper Lynd es la primera chica de la que se enamora el agente 007 y por quien finalmente se siente traicionado, como explica Green: “Es la primera mujer de quien escribió Ian Fleming y tiene un gran impacto en la vida de Bond. Ella es la raíz de todas las mujeres de Bond y explica por qué él se comporta de la manera en que lo hace con todas las mujeres”.
Descrita por el director ganador del Oscar, Bernardo Bertolucci, como “tan bella que es indecente”, Eva, quien también protagonizó “Cruzadas” de Ridley Scott, piensa que Vesper Lynd “es como una esfinge, es inteligente, insolente y sumamente ingeniosa, pero también muy vulnerable”.

ENTREVISTA A GABRIEL SALAZAR, PREMIO NACIONAL DE HISTORIA
El historiador de los perdedores
Entre el galardón que acaba de ganar y los combos que le ofreció el empresario Max Marambio, cuando le quitaron todo poder en la Arcis, está este profesor que habla en el mismo lenguaje que sus alumnos y cuyo padre fue lavaplatos en el Club de la Unión. Salazar vive en La Reina, compra en el Jumbo y dice que “la lucha de clases ya no está en la calle, sino dentro de cada uno”.
Franco Fasola
Nación Domingo
Por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde los chascones estudiantes de Historia comen pan con palta e instalan una feria donde venden discos y libros, se pasea Gabriel Salazar (70), quien acaba de recibir el Premio Nacional de Historia por la incorporación de los excluidos al devenir histórico.
Si el premio se lo hubiesen entregado en otro momento, Salazar estaría rodeado de sus alumnos de la Universidad Arcis, pero la historia no dirá eso. Según cuenta el autor de “Labradores, peones y proletarios”, este año el empresario y amigo de Fidel Castro, Max Marambio, dio un sorpresivo golpe de Estado para controlar toda la universidad. “Reventaron a Tomás Moulian, a Jorge Arrate, cambiaron a los vicerrectores. Todo esto a través de métodos muy poco dialogados. Hubo criterios empresariales, pero con métodos que te recuerdan el stalinismo”. Incluso lo culparon de agitar las masas e incentivar las movilizaciones que bloquearon hace un tiempo a la Arcis.
“Ellos quedaron muy molestos cuando les dije que sus métodos eran propios del gangsterismo de izquierda. Hasta el día de hoy eso les duele”, piensa Salazar, quien hace un tiempo fue despojado del cargo de Decano luego de 21 años de trabajo, ofreciéndole hacer clases boleteando y por semestre.
“Incluso Max Marambio, en plena reunión de directorio, me amenazó con botarme todos los dientes. Fue una cosa de locos”, recuerda.

HIJO DE UN LAVAPLATOS
Hijo de Benito y Laura, su padre era cargador de sacos de trigo en un Fundo de Colchagua. Las malas condiciones laborales lo trajeron a Santiago, donde el padre del propulsor de la historia social lavó platos en el Club de la Unión, fue ascensorista en el edificio de Gath y Chávez y copero en casas de familias distinguidas. Criado en una población de Vivaceta y rodeado de potreros que se fueron llenando de poblaciones callampa, cerca de la cárcel y la isla de los hampones del Mapocho, se fue forjando este hombre que fue el único en su familia en estudiar en la universidad.
Hoy Salazar vive en la comuna de La Reina y hace sus compras en el farandulero Jumbo de Bilbao. “Ni tonto para ir a otra parte. Según el cuerpo B de “El Mercurio”, que es el único que no miente, porque es Economía y Negocios, ese supermercado es el que más vende en Chile”.
-¿Cómo es su relación con la modernidad neoliberal?
-Ir al Jumbo o al Homecenter no dice nada sobre los problemas de relaciones humanas que se están viviendo. Meter Plazas Oeste, supercarreteras y Lider por todas partes está ocultando la miseria de las relaciones. Y la pobreza no pasa por tener o no televisor o auto: pasa por tener o no tener futuro. Las cosas se pueden conseguir. Lo terrible es no saber si vas a contar con cobertura de salud cuando estés más viejo. Eso es lo que el PNUD llama ese “malestar subjetivo de la ciudadanía”-, dice Salazar mientras recuerda a su hijo, un ingeniero químico con doctorados en Inglaterra y que aquí no tiene trabajo.
-¿La falta de futuro es la gran característica de nuestras clases populares del siglo XXI?
- Yo creo. Es la inseguridad del futuro. En Chile hay un setenta por ciento de pobres en función del futuro que tienen. Eso te obliga a estar husmeando en todas direcciones y por eso hay un 48 por ciento de neuróticos en este país.
-¿Ve televisión?
-Veo tele. Comienzo a verla con los noticiarios de las nueve. No creo que sea un medio rector de las relaciones humanas. Es cierto que induce ciertas actitudes como la moda, pero no de las relaciones, que se tejen por las condiciones reales de tu vida: tu tipo de trabajo, si tienes recursos suficientes para financiar tu familia, si eres un buen proveedor, que tus hijos te respeten y que logres una compañera ideal. Si tú eres exitoso en eso, entonces te das el gusto de ser generoso con otros. La tele es una vía de escape que te entretiene y te hace olvidar un poco tu verdadera realidad.

GOBIERNO CIUDADANO
-¿Como ve el paradigma del gobierno ciudadano que presenta Michelle Bachelet?
- Creo que tiene mucho sentido simbólico. La ciudadanía tiene muy poca credibilidad en la política y por eso busca soluciones por sí misma. La sociedad civil y los sectores más afectados por este modelo, están tomando decisiones propias por su cuenta y riesgo. Lo que hace Bachelet es simbólico, porque su discurso de fondo prioriza llamar a las comisiones que ella designa. Son discursos con buenas intenciones, pero que a la larga son fariseos. Hay una participación consultiva, que no surge espontáneamente. Y mientras funcionan estas comisiones, a las movilizaciones ciudadanas nadie les da boleto.
-¿Qué pasó con la lucha de clases? ¿existe todavía?
- Antes el conflicto era tan objetivo y estructural que se daba en la calle. Hoy, el gallo que no encuentra pega tiene el conflicto adentro, porque lo asume como un fracaso personal. Eugenio Tironi alguna vez dijo que ya no había lucha de clases, pero el asunto es más complejo. La lucha de clases ya no está en la calle, está dentro de cada uno. El conflicto hoy está entre el individuo y el mercado.
-En Chile la historia está escrita por los ganadores, pero usted la estudia desde los perdedores ¿siente que el premio de alguna manera legitima su punto de vista?
-Los ganadores escriben la historia y establecen un patrón clásico que después se reproduce. Los que se han planteado desde la perspectiva de los perdedores siempre son criticados por no ser objetivistas, que no hacen ciencia. Yo he sido muy cuidadoso en escribir la historia de los perdedores como ciencia objetiva.

UNIVERSIDAD CÁRCEL
Y Salazar sabe ser un perdedor. Detenido en Villa Grimaldi, Tres y Cuatro Álamos entre 1975 y 1976, dictó un curso de Historia a prisioneros tan notables como José Zalaquett y José Carrasco, que luego se convertiría en “El desarrollo del capitalismo en Chile”. “Eran como 15 o 20 personas. Hacíamos las clases mañana por medio, se tomaban apuntes. Yo estaba lleno de información nueva y ellos me sugirieron hacer un texto. Carrasco me pasó una máquina de escribir chica y cuando apagaban las luces, me ponía una frazada en la cabeza y escribía”.
-¿Por qué lo detuvieron?
- Estaba conectado con la cúpula del MIR. El comité central, integrado por Nelson Gutiérrez, Andrés Pascal Allende y casi toda la comisión política estaban viviendo juntos los tontos, en una parcela de Malloco. Un informe que hice fue interceptado, torturaron a la gente que vivía en mi casa-buzón, luego me detuvieron y me torturaron.
- ¿Cómo lo afectó la experiencia de la tortura en su trabajo posterior?
-Lo que más me marcó fue lo absurdo de toda la situación. Más que el dolor, el absurdo que alguien te tenga amarrado en un catre de fierro y te esté pateando. Es una locura humana. La tortura sirvió para conocerme a mí mismo ¿cachai? Hasta donde puedo resistir, qué grado de dignidad tengo y luego cómo integrar toda esa experiencia en tu personalidad de manera que sea positiva. El doctor Patricio Bustos me enseñó, en la misma Villa Grimaldi, que la mejor manera de superarlo era ayudando a los otros. Eso me impactó profundamente. Fue como renacer.
David Rosenmann-Taub, poeta desaparecido en acción
La muerte le sienta bien
Su obra yace en un cofre en el fondo del mar. Vive en Estados Unidos, considerado como un genio pero en su país, pocos saben quién es. Muchos lo postulan al Nacional de Literatura pero a él, poco le importa. Por estos días prepara País Más Allá, lo último de su enigmática poesía.
La Nación
Franco Fasola

“Cómo me gustaría jamás haber nacido,
libre de lo de ayer, jamás haber nacido,
dejar correr el tiempo, jamás haber nacido (…)
Para no recordarme, para no volver nunca,
Dios mío, yo creyera en ti para no ser...”
De su poema “Ciénaga”


In-ubicable. Desaparecido en acción. Mito viviente. A juicio de Armando Uribe, David Rosenmann-Taub es a quien realmente se le debe dar el Premio Nacional de Literatura pero en Chile nadie lo conoce.
¿Se esconde?

Radicado en Estados Unidos hace más de dos décadas, no sabe ni de círculos ni de premios. No le interesan. Tiene 77 años. Y con su vida, la famosa máxima se cumple: nadie es profeta en su tierra.
A David Rosenmann-Taub parece gustarle el autoexilio. Y aunque la distancia y el tiempo lo han alejado profundamente de Chile, El Mensajero, uno de sus últimos libros, figura como una de las mejores obras poéticas del año pasado. Aunque sus textos son sólo para iniciados. De hecho, abordarlos es tarea titánica. No por nada desde pequeño ha llevado la a veces incómoda chapa de “genio”.

El poeta, nacido en 1927, es hijo de padres polacos. Aprendió a leer al año y medio, y a los tres escribió sus primeros poemas. Su padre Manuel Rosenmann era políglota y lo comenzó a atiborrar de literatura. Su madre Dora Taub, pianista, le enseñó a tocar el instrumento cuando tenía dos años. A los nueve, ya tenía a su primer alumno de piano.

Cuando niño, le dictaba sus ideas a su madre. “Siempre he escrito. Esto del amor por las letras, yo lo explicaría como un matrimonio. Estoy casado con las letras”, cuenta desde Estados Unidos. Durante su infancia, en la que asiste al Colegio Europeo y al Liceo de Aplicación, nacen sus primeras poesías, escritas en los recreos.

Por esos años escribe El Adolescente (revista literaria Caballo de Fuego, 1941) y el primer volumen de Cortejo y Epinicio. Y a partir de allí, todo fue silenciosa creación e ímpetu de erudición: estudió español en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y realizó una serie de cursos en los que intentó atrapar la esencia de la vida: botánica, astronomía, anatomía, inglés, francés, portugués, estética y arte.

Muchos han rotulado de “mísitico” al trabajo de Rosenmann-Taub. Por esa razón no es extraño que la poesía de San Juan de la Cruz y Juana Inés de la Cruz sean medulares en su obra. “Fundamentales para la historia de la poesía, no para mí. En Juan de la Cruz observo lo mismo que en Teresa de Ávila: mente alucinada, de soberana inteligencia, por encima de la vida en el planeta. Juana Inés de la Cruz hizo, en Primero sueño, una imitación de las Soledades de Góngora: lo que en Góngora cumple fines plásticos, en ella cumple fines conceptuales. Más que una poetisa, más que una mujer, ella es una fuerza que embellece cualquier cosa”, contó en una de las pocas entrevistas que ha dado a la prensa, hace ya algunos años.

Cortejo y Epinicio (1949) ganó el premio del Sindicato de Escritores. En 1951, la editorial Cruz del Sur publica Los Surcos Inundados, que obtiene el Premio Municipal de Poesía. Luego de ese auspicioso inicio en las letras nacionales, la senda de Rosenmann-Taub se va haciendo cada vez menos conocida para todos. Su padre enfermó y él se hizo cargo de la familia. Se alejó de los círculos literarios y comenzó a ganarse la vida enseñando música.

En 1973, y mientras caía Allende, la empleada doméstica de su casa robó muchas de sus posesiones. Allí se van sus horas de insomnio. Más de cinco mil páginas manuscritas, sin copia, desaparecieron.

EL VATE

Según la Real Academia Española “vate” significa “adivino, vaticinador”. Ese fue uno de los elementos que motivó a Kenneth Douglas, profesor de literatura de la Universidad de Yale a considerar a Rosenmann-Taub para darle la beca Oriental Studies Foundation. Así podía escribir y dictar conferencias en Nueva York. Era 1976 y allí comienza su etapa de outsider. Pero para Rosenmann-Taub, el significado de vate es aún más amplio que el del diccionario: “cuando la poesía contiene un elemento de conocimiento que va más allá del conocimiento inmediato, donde a través de la voz del poeta está hablando la totalidad del ser humano, se dice vate”.

Así, radicándose en Estados Unidos, David comienza a desaparecer. Aunque cultiva amistad con poetas como Alberto Rubio y Armando Uribe, de quienes opina son “poetas muy dotados, limpios y consistentes amigos”. De ese grupo, se ven pocos. “En Chile, como en todas partes, había individuos que pretendían ocupar todos los sitios, y actuaban como agresivas vedetes. Afortunadamente, existía un grupo, no muy numeroso, de intelectuales con generosidad y curiosidad.
Hernán Díaz Arrieta (Alone), Mariano Latorre, Ricardo A. Latcham, Julio Arriagada, Enrique Molina, Samir Nazal: humanamente, joyas”, decía hace algunos años.

Hoy, desde su destierro voluntario en Estados Unidos, David Rosenmann-Taub, quien es considerado por Uribe “El poeta vivo más importante y profundo de toda la lengua castellana”, habla, en exclusiva para Leer sobre lo que le queda de vida y obra.

-¿Qué opina cuando le dicen que su obra poética está llena de “secretismo”?
-¿Secretismo? Supongo que usted se refiere a “hermetismo”. Le pareceré pretencioso: ¿le diría usted a Einstein: ‘¿Hay algo de “secretismo” en su teoría de la relatividad?’. Para quienes no la entienden, por supuesto. Entender, incluso en qué consiste una ensalada, exige atención, y ésta demanda educación. El lector desatento encontrará hermético cualquier texto, o, peor, creerá haberlo entendido.

-En su poesía, ¿qué es más importante, el sonido o el fondo?
-Alteraré un poco la pregunta: ¿qué es más importante, la forma o el fondo? El fondo implica sustancia. Esta misma pregunta usted se la podría hacer a un músico: “¿qué es más importante: lo que suena o el fondo?” “Bueno”, le diría, “lo que pasa es que el fondo suena”. Aparentemente, forma y fondo son dos cosas. En realidad, se trata de una. Lo que no tiene fondo es sin valor y sin función. Todo es para el sentido. La poesía, cuando lo es, expresa el saber en la forma más esencial. Poesía, para mí, es saber con exactitud. Saber, es decir, crecer. De lo contrario, para qué la poesía.

-¿Cómo ha influido su cercanía con la música en sus poemas?
-A mí la música y la literatura no me influyen. Es mi experiencia diaria, mi contacto, fácil o difícil, con la existencia lo que me motiva a escribir. Leer algo que me entusiasma, me lleva a leer más, no a escribir. El vocablo “influencia” -como se lo usa en las historias de la literatura, de la música, de la pintura- es una manera diplomática de llamar al “robo”. Si algo ya está escrito, si estoy de acuerdo con lo que he leído, haré la recomendación del texto que leí, pero no lo vuelvo a escribir.

-¿Por qué ha publicado tan poco en relación con lo que ha escrito?
- Aunque he publicado una parte muy reducida de lo que he escrito, son más de diez libros. No es fácil publicar en Chile. Pregúntele esto a cualquier escritor chileno. Muy conocido el ejemplo de Gabriela Mistral, cuyo primer libro fue publicado en Estados Unidos; el segundo y el tercero en Buenos Aires y México. Para publicar Crepusculario, Neruda recibió, ayuda económica de Alone, lo que revela que la editorial le cobró.

Después de que Arturo Soria, el editor de Cruz del Sur, regresó a España, no encontré editor. Y yo no estaba en condiciones de pagar para que ciertas editoriales me publicaran. Desde los diecisiete años de edad he comido de mi bolsillo. Mi padre, un trabajador inagotable de maravillosa responsabilidad, no logró éxito en lo económico; yo tuve que colaborar con él, con felicidad, para sostener a los míos. No necesito contarle a usted anécdotas de las puertas cerradas que he encontrado en Santiago para publicar.

-¿Se sintió cómodo alguna vez en Chile?
-Chile es igual a Francia, a España, a Estados Unidos: sacamos la fachada y la gente tiene el mismo comportamiento: de vez en cuando -yo diría de vez en cuandísimo-, entusiasmo y buena voluntad, y, a menudo, indiferencia. Me he sentido cómodo en mi país de la misma manera que en Nueva York o en París. ¿Se puede estar cómodo en alguna parte? Me siento bien cuando estoy con gente que quiero y me quiere: eso no tiene nada que ver con el lugar.

-¿Qué cosas lo siguen uniendo a Chile?
-Es lo mismo que si, en cierto modo, me preguntaran -aunque estoy exagerando-: ¿qué cosas lo siguen uniendo a su madre y a su padre? Incluso si Chile desapareciera, yo sigo unido a Chile. Es el lugar donde nací. La cuadra donde viví es otra -hay nuevos edificios-, pero, en mí, se alzan las casas de los cuatrocientos, los impares, de Echaurren. Para bien y para mal, soy chileno.

-¿Qué opina de las nuevas generaciones poéticas chilenas?
-La poesía es un fenómeno de la Tierra. La poesía chilena es poesía cuando, además de chilena, es poesía.

-¿Qué está preparando actualmente?
- País Más Allá es un libro que he estado escribiendo toda mi vida. No es el único libro que he trabajado de esta manera. Todos mis libros los arrastro prácticamente desde que tomé conciencia de mi vocación.

Una de las primeras cosas que reflexioné fue la razón de crecer. ¿Por qué mi cuerpo debe desgastarse para que mi mente se abra? Progresivo cierre del ciclo vital, para progre-siva apertura del ciclo mental. Hay que pagar con la muerte el precio de crecer.

¿Y cuál es la razón de recordar? Cada día cargamos el cadáver del día anterior. Cada día experimentamos este país: la propia interioridad ya está lejos. Nuestro hoy será mañana un paisaje inalcanzable. Cada instante se aleja infinitamente de uno mismo, y sólo podemos mantenerlo por una relativa memoria. Lo que llamamos presente es el más inmediato pasado: cuando uno lo constata como presente, ya es pasado. E, inevitablemente, va a llegar un día en que, para cada uno de nosotros, el haber participado de la existencia será haber habitado un país que está más allá de nosotros.

No sólo he querido expresar esto a través del libro. Me propuse expresar cuál es la razón de que sea así para mí. Este libro lo he llevado como mi carne y mis huesos.

-¿Quién debiera ganar el Premio Nacional de Literatura este año?
-Considero que Armando Uribe Arce lo merece por su obra y porque, a través de ella, nos muestra verdadera conciencia ética. Y en el ser “humano”, la conciencia ética es muy escasa.

González Iñárritu habla del último capítulo de su trilogía
Perdidos en “Babel”
El 18 de enero se estrena en Chile la nueva cinta del director de “Amores perros” y “21 gramos”. Nominada a siete Globos de Oro y nombre fijo para los Oscar, acá el creador de este drama coral de proporciones bíblicas explica por qué eligió a Brad Pitt para protagonizar su locura más grande.
Nación Domingo

Por Franco Fasola / Emilio Leighton

En un desértico paraje marroquí, un pastor de ovejas compra un rifle y se lo da a sus hijos, Yussef y Ahmed, para que protejan el rebaño de los chacales. Los niños quieren probar el alcance del arma y juegan a apuntar hacia un bus de turistas que recorre un lejano sendero. En una casa de California, Amelia, una nana mexicana (Adriana Barraza), cuida a los hijos de una pareja que precisamente viaja en ese bus por Marruecos.
Sin permiso de los padres y luego de escuchar a su sobrino Santiago (Gael García Bernal), la mujer decide llevar a los niños al matrimonio de su hijo, por celebrarse en Tijuana. En Marruecos, la pareja de turistas norteamericanos Richard y Susan (Brad Pitt y Cate Blanchett) viajan algo peleados y distanciados por el desierto. Susan, con los ojos perdidos a través del vidrio del bus, recibe un balazo loco en el hombro.
Al otro lado del mundo, una adolescente sordomuda llamada Chieko pierde el control y hace que su equipo sea derrotado en un partido de volleyball en Tokio. Luego de discutir con su padre, en un restaurante se quita los calzones y muestra su vagina a los jóvenes de la mesa contigua. Hace poco tiempo que su padre dejó de viajar al desierto marroquí para cazar y su madre suicida ya no está.
El rifle. Una arma regalada por un japonés a un humilde guía en el desierto marroquí. Un pequeño y agradecido acto que desencadena un tsunami. El efecto mariposa. La estúpida incomunicación de las criaturas más avanzadas del reino animal.
Un juego de niños que se convierte en incidente internacional. La noticia vuela por radio y televisión. Terroristas musulmanes han asesinado a una turista norteamericana. Una inmigrante ilegal mexicana ha secuestrado a unos niños estadounidenses. Un japonés es buscado por la policía por tráfico de armas.

MIL LENGUAS INÚTILES
“Babel”, la última película de “el negro” Alejandro Gonzalez Iñárritu, es una patada en los testículos a la conciencia globalizada incapaz de dialogar, igual que la maldición bíblica de la Torre de Babel, la famosa construcción mencionada en el Génesis, con la cual los hombres querían llegar al cielo. Pero Yahveh hizo que los creadores comenzasen a hablar diferentes lenguas; luego, reinó la confusión y el caos.
González Iñárritu es un mexicano de 43 años que comenzó hace 20 su carrera en el mundo del espectáculo, trabajando como DJ en una radio donde tenía un programa de música de tres horas. Luego de años tratando de acercarse al mundo del cine, hizo su debut con las historias paralelas que unen lo que aparentemente no lo está. “Amores perros” y “21 gramos”, impresionantes ensayos con un gran telón de fondo: humanos esclavos de sus circunstancias, sometidos hasta el paroxismo a la teoría de la causalidad, al dolor, al libre albedrío y a los vacíos morales.
Ganador con “Babel” de la última versión del Festival de Cannes como mejor director, ahora González Iñárritu posa en alfombras rojas junto a Brad Pitt y Cate Blanchett, e intenta explicar lo que muchas veces parece inexplicable. El escritor Carlos Fuentes, que estuvo junto a Iñárritu en España presentando un libro, trata de ayudar un poco. Luego de ver “Babel”, Fuentes alega: “Salí con la impresión de que habíamos visto la gran película de la globalización, algo que nadie había hecho”.
La tarea parecía imposible. Un director intentando dirigir cuatro historias paralelas en tres continentes: en la frontera de México y Estados Unidos, Japón y Marruecos. Un elenco que sólo se conoció sobre la alfombra roja. Una cinta con más de dos mil cortes, filmada en formatos diferentes. Marruecos, en 16 milímetros; México, en 35; Japón, con lente anamórfico.
La vorágine la cierra la música del argentino Gustavo Santaolalla, quien no permitió grietas en esta historia que parecía desbordarse. La sinfonía quedaba sellada con el oud, un instrumento africano de cuerdas, que transitaba a una guitarra flamenca, a las rancheras mexicanas y al poderoso koto japonés.
Seis formas de comunicación diferentes rondaban la cabeza de Iñárritu durante la filmación: lenguaje de signos, el bereber, árabe, inglés, español y japonés. “Dirigir actores siempre es difícil. Dirigir actores en otro idioma que no es el tuyo es más difícil; pero dirigir ‘no actores’ en un lenguaje que no entiendes ni hablas, es una locura. La locura más grande que he hecho en mi vida ha sido meterme en ‘Babel’. La verdad es que esta película ha sido la idea más irresponsable que he tenido, pero también la más gratificante”, cuenta a LCD.

BARRERAS METAFÍSICAS
“Es la misma historia que conté en ‘Amores perros’ y ‘21 gramos’. Todas tratan de las barreras, pero no las físicas, sino las que están dentro de nosotros, que son las más peligrosas porque nos impiden tener la capacidad de escuchar a los otros, de hacernos oír a nosotros mismos”.
Alejandro González ya no está posando ante las cámaras ni recibiendo elogios por “Babel”. Está sentado en un locutorio de una radio. Conduce un programa que escuchan en toda Ciudad de México. La odisea radial se transforma en plataforma para hacerse cargo de la producción publicitaria de Televisa, la cadena de televisión más grande de México. En el intertanto crea su propia casa de producción cinamatográfica, Zeta Films, y luego viaja, en 1992, a Estados Unidos a estudiar dirección de cine en Maine, junto a Ludwig Margules, y en Los Ángeles con Judith Weston.
“El haber salido de México me dio la oportunidad de arriesgar mi vida de confort, de ser vulnerable. Esa conciencia de inmigrante te genera muchas ansiedades, te dispara muchas preguntas, y me ha dado una gran perspectiva de mi país y de mí”, cuenta.
Brad Pitt llora de impotencia ante un teléfono, completamente desolado e incomunicado en un hospital de Marruecos. Su esposa está siendo salvada de la muerte y la prensa internacional espera la carroña. Sus hijos están perdidos en la tenebrosa frontera mexicano-estadounidense.
Muchos de sus compañeros incluso postulan a Pitt al Oscar por su actuación, en la que se transformó en un demacrado y desesperado marido. Irreconocible para millones de fans que adoran sus pectorales y cara de niño grande. Iñárritu explica que eligió a Pitt para el papel porque “me gustaba la situación extrema de colocar a una celebridad así en un papel más dentro de una película coral. Es tan carismático... tiene el poder de las estrellas. Es un símbolo de la sociedad estadounidense, y pensé que tenía sentido colocarlo como un ser humano”.
Pero en “Babel” también están las potentes actuaciones de sus compatriotas Gael García Bernal y Adriana Barraza, sobrino y tía, respectivamente, que terminan escapando de la policía fronteriza norteamericana con los dos pequeños hijos de Pitt.
El vuelo de una mariposa en Perú puede provocar un maremoto en Japón. El mérito, al igual que en “Amores perros” y “21 gramos”, es de la dupla de González Iñárritu con el escritor y guionista Guillermo Arriaga, con quien trabajó por última vez en “Babel”.
“Para mí, el único método para entender la realidad de alguien es entender las realidades paralelas que han estado coexistiendo con la realidad de esa persona. La única manera de entender a un narcotraficante colombiano es encontrar cuáles son las realidades que definen a esa persona y qué ha ocurrido en su vida para llevarle a hacer lo que hace”.
“El negro” Iñárritu sube y baja de aviones tratando de explicar lo inexplicable. Ya no está en el locutorio contando historias. Ahora es la vedette latina de Hollywood, y la luz roja de la caseta se prende para hablarle en todas las lenguas al ser humano.

Thursday, January 04, 2007


Me sorprendes, Mendes
El músico habla de su trabajo con el mentor de Black Eyed Peas



Vive en Los Ángeles y hacía ocho años que no grababa una canción. Es el “garoto” que más discos ha vendido en el mundo, acaba de mezclar sus incombustibles melodías con las del taquillero Will I.AM. “Timeless” es un compendio de samba-pop, bossa nova y hip-hop que mueve masas y que a Sergio Mendes le encantaría presentar en Chile.

Por Franco Fasola

Will I.AM rapea desaforado “That heat” y alguien que parece un abuelito toca tranquilamente un piano blanco. Para muchos incautos, la mezcla puede parecer extraña. ¿Qué hace el cool líder de Black Eyed Peas con un brasileño que podría ser su tata y que se llama Sergio Mendes?

Lo cierto es que el viejo ha vendido más discos que Will I.AM y es el discípulo adelantado de Tom Jobim. Sergio Mendes (65) es una leyenda viva. Es uno de los hombres fuertes de la bossa nova desde la época de Bossa Río y Brasil 66, y su tema “Mais que nada” es una especie de postal musical para su tierra natal.

En 1964, Mendes se radicó en Los Ángeles y pavimentó una carrera con más de 35 álbumes. Según se cuenta, en 1971 fue uno de los primeros de la ciudad en tener un estudio de grabación en su casa. Como una de las cuantas cosas extrañas que le han pasado en la vida, Mendes, por recomendación de un amigo, contrató a un carpintero para construir su joyita. “Llegó a casa con el pelo larguísimo, barba, el pantalón roto”. El carpintero era Harrison Ford.

ABUELO EN FANTASILANDIA

Desde el Principado de Mónaco, donde es el chiche, al igual que en todos los festivales de jazz de Europa, donde se está presentando en el verano boreal, Sergio Mendes (Niteroi, 1941) contesta el teléfono en perfecto español para hablar de “Timeless”, su resurrección musical de la mano de un hip-hop que le rinde honores.

Hace un par de años, en una fría tarde de invierno, Mendes recibió a Will I.AM, mentor de los exitosos Black Eyed Pies, para hablar de música y colaboraciones. Sus hijos, de 12 y 19 años, conocían de memoria el trabajo de los hip-hoperos. Will, fanático de Mendes desde los 16 años, para Sergio era un completo desconocido: “Me llamaron de A&M Discos, la compañía de Will y Black Eyed Peas, y me dijeron que él me quería conocer, y si podía venir a mi casa. Llegó con mis viejos discos de vinilo y me dijo que mi música había tenido una gran influencia en su vida. Después me invitó a participar de su disco ‘Elephunk’ (2003), donde toqué y se me ocurrió trabajar junto a él.

Ese mismo día, Mendes y Will, tal como un niño saca a pasear a su abuelo a Fantasilandia, se pusieron de acuerdo para grabar “Insensatez” a dúo para el debut de los autores de “Pump it”.

CANCIONES UNIVERSALES

Luego de la fructífera colaboración, Mendes decidió desempolvar su increíble currículo y volvió a reclutar a Will I.AM para jugar a mezclar los beats en clave rapera con sus pegajosas e inolvidables, para los que tienen más de 50, melodías. “Timeless” fue el resultado de ese cruce generacional entre dos hombres de diferentes épocas que lo único que han pretendido es hacer que las plantas de los pies le piquen a quien los escucha. “Will conocía mi música a fondo y tenía gran admiración por mis discos. El punto común es la melodía, las canciones y la música”.

En “Timeless”, Mendes va al rescate de gente como Baden Powell, Vinicius de Moraes y Chico Buarque, y los condimenta con colaboraciones de Steve Wonder, India.arie, Justin Timberlake, Eryka Badu y The Rots y John Legend, además de promesas cariocas como Marcelo D2, el Quarteto Mahogani y Guinga. “Fue fantástico trabajar con ellos. Fueron buenas tantas colaboraciones, porque son canciones casi universales. Y ellos son a una nueva generación de grandes músicos”.

–¿Cómo te sientes haciendo bailar ahora a los jóvenes del siglo XXI?

–Muy bien. Me da mucha alegría. Aquí en Europa la gente baila toda la noche con mi música. La gira termina en julio y a fin de año pensamos pasar por América Latina, a ver si vamos a Chile, tengo muchas ganas, pero todavía no me han invitado.

–¿El futuro de la música va por la fusión de ritmos, como en “Timeless”?

–“Timeless” es un encuentro de los clásicos de la bossa nova, de la música brasileña, con el universo del hip-hop y el R&B. Para mí, lo más importante son las melodías y los ritmos. La gente siempre necesita una canción.

Hace 15 años salió al mercado “Nevermind"
Todavía huele a espíritu adolescente
Kurt Cobain, Dave Grohl y Krist Novoselic eran unos completos desconocidos hasta que los rugidos de “Smells like teen spirit” se convirtieron en himno generacional, lápida del pop meloso de los ’80 y banda sonora de la primera guerra del Golfo. Los “Diarios” de Cobain, más la película “Last days” y el DVD “Live! Tonight! Sold out!” son las velas de esta fiesta.

Por Franco Fasola
“La gloria es una de las peores cosas que me han sucedido. No hay nada más terrible que un montón de personas excitadas y temblorosas abalanzándose sobre ti y hablándote como si fueras una puta”. Kurt Cobain
Algunos piensan que en la historia del rock, después de Nirvana no hay nada. Un 24 de septiembre de 1991 apareció en disquerías “Nevermind”. Mientras, la archimanoseada “Smells like teen spirit” explotaba al ritmo de tres flacuchos vestidos como leñadores.
Han pasado 15 años desde que Kurt Cobain, Dave Grohl y Krist Novoselic terminaron con el reinado de Michael Jackson y le pusieron banda sonora a la generación que miraba desde los televisores de sus casas la primera guerra del golfo Pérsico. Las palabras “grunge” y “alternativo” ahora tenían rostro y le daban una patada en los testículos al glam rock de Bon Jovi o Poison, tan de moda por la época.
Tal fue el estallido, que en menos de seis meses “Nevermind” ya tenía más de 12 millones de copias vendidas.
Aunque ese año aparecieron discos tan buenos como “Nevermind”, muy pocos lo alcanzaron a notar. “Blue lines”, de Massive Attack; “Achtung baby”, de U2; “Out of time”, de Rem; además de trabajos de Red Hot Chili Peppers, Metallica y Pearl Jam, quedaron en segundo plano. Como muchos han dicho, Nirvana no inventó la pólvora, pero apretó el gatillo.
En una entrevista inédita realizada poco antes de la edición de “In utero”, su tercer y último disco de estudio y publicada en la revista “Los Inrockuptibles”, Cobain trata de explicar la total incomprensión que sufrió su famoso himno generacional “Smells like teen spirit”. “Con respecto a todos los que compraron ‘Nevermind’, no sé quiénes son, por quién votan, ni cómo piensan. Algunos deben golpear a su mujer, otros deben abandonar a sus perros cuando se mudan ¿Tenemos algún punto en común con esa gente? Seguramente escucharon ‘Smell like teen spirit’, pero sólo porque la pasaron por la radio. Los que compran la música que pasan en MTV son chicos que van al colegio o a la universidad. Sólo que no comprendieron que el mensaje era para ellos mismos, que era un ataque contra el espíritu joven y no una celebración. Tengo que atenerme a una evidencia: el público masivo no entendió a Nirvana”.
APLASTADO POR LA FAMA
A esas alturas el grupo de Seattle no paraba de tocar alrededor del mundo, y se negaba a incluir en sus conciertos la canción que todos esperaban escuchar. Cobain se había convertido en padre de una niña y esposo de Courtney Love: una versión demoníaca, posmoderna y drogadicta de Yoko Ono. “El grupo se había convertido en un monstruo y ya no podíamos controlarlo”, decía este guitarrista zurdo e hipersensible que odiaba el modelo de vida del hombre blanco norteamericano, y que estaba lleno de los fantasmas de las burlas en el instituto, cuando se acostó con una joven que tenía un cierto retardo mental.
“Estoy aterrorizado por el ridículo. Uso pedazos de las personalidades de los demás para formar la mía. (...) Todo es por mi falta de educación, por mi falta de inspiración, por mi cobarde búsqueda de afecto y mi rutinaria vergüenza hacia muchos de los que tienen mi edad. Sólo es una montaña de mierda como yo”, dice en sus “Diarios” (Random House-Mondadori), libro aún sin fecha de publicación en Chile.
Entre las drogas, la presión por una carrera que había comenzado explotándole en la cara y contradicciones tan profundas como “somos infiltrados en las mecánicas del imperio para pudrirlo lentamente desde dentro” y “es imposible ser subversivo en el mundo comercial. Te crucificarán. No puedes salirte con la tuya. Nosotros lo intentamos y casi acabamos en la ruina por ello”, hicieron que Cobain se fuera desvaneciendo como un volantín en medio de una tormenta.
A 15 años de la aparición del último ídolo del rock and roll, el mismo mercado que se convirtió en una de sus causas de muerte, lo vuelve a resucitar y prepara una gran torta de cumpleaños a su último mártir. Hace algunos meses, Courtney vendió el 25% del catálogo de Nirvana. Bono, de U2, fue uno de los que se lo quería llevar. El registro “Live! Tonight! Sold out!” pasará a formato DVD en noviembre, y en “Last days”, el director Gus van Sant preparó su versión de los últimos y extraños días de Cobain antes de su suicidio, en abril de 1994.

Thursday, September 28, 2006


El mundo privado del premiado José Miguel Varas
Quitado de bulla
Comunista, periodista e hijo de un militar que lo dejaba sin comer pan con mantequilla por su afición a las apuestas, el nuevo Premio Nacional de Literatura habla de sus pellejerías, triunfos y de “Milico”, la nueva novela que quiere terminar a fin de año.

Por Franco Fasola

Los comentarios un tanto fríos con que el mundo literario recibió la noticia de que el escritor y periodista José Miguel Varas (78) ganaba el Premio Nacional de Literatura, parecen no enturbiar su ánimo. Humilde y quizás un tanto incómodo con la cobertura que su nombre ha tenido por estos días, no halla el momento para concentrarse en volver a escribir y dejar de recibir ramos de flores y regalos tan extraños como una cava de vinos con stock renovable por dos años, ocurrencia de una municipalidad amiga.
Varas vive en Ñuñoa, cerca de un populoso liceo y de una verdulería de barrio en la calle Exequiel Fernández. Su casa, donde comparte con su mujer y la menor de sus cinco hijas, es el departamento de una típica familia de clase media, con muchas fotos de parientes, algunas muñequitas rusas y un retrato de Salvador Allende junto a unos niños, que destaca en una de las paredes.
Fuera de cualquier ínfula, Varas supervisa la casa, contesta el citófono, el teléfono y le abre la puerta a una nieta que sube a ver a su esposa, que está en cama y con reposo. Y es que detrás de este hombre de faz dura pareciera haber alguien tímido y retraído, que incluso trata de restarle importancia a su obra y al hecho de que hace pocos días obtuviese el disputado Premio Nacional de Literatura. “Nunca he sido muy efusivo, soy muy poco expresivo con algunos sentimientos, pero con el premio ni yo mismo me reconozco. He estado bastante sentimentalón, pero ya se pasará”.
VIDA MILICA
Quizás por su intenso trabajo en radio, a muchos les habría parecido más razonable que a Varas le entregasen el máximo galardón en la categoría periodística. Pero no. Sus 16 libros publicados y principalmente –según el jurado– sus cuentos, “le han gastado los ojos con tantos flashes” y le dieron nuevo impulso para terminar una novela llamada “Milico”. Allí habla de su cercano conocimiento del mundo militar, que viene de su padre, un coronel “tropero” que publicó más de 12 libros sobre soldados; hasta sus primeras lecturas de Kafka, en la casa de su tío, el general Leocán Ponce.
“ ‘Milicos’ es sobre el mundo que he conocido desde mi infancia y el otro que no conocía, donde hay bastantes milicos brutos y brutales. No es un libro político o de tesis. Hay un personaje central, de alrededor de 40 años, que es hijo de un militar. Hay muchos elementos autobiográficos que están convertidos en novela”.
NO HAY MANTEQUILLA
En su periodístico afán de “tratar de no embellecer en el recuerdo las realidades”, como dice, comienzan a aparecer en su memoria la “Unión picaporte”, esa cofradía de estudiantes del Instituto Nacional que forman parte de “Cahuín”, su primera y prematura novela, autopublicada cuando tenía sólo 18 años de edad. También se sumerge en el recuerdo de los continuos cambios de casa, debido a los traslados de su padre a Arica, Concepción, Traiguén, Antofagasta o Punta Arenas. “Todo eso era un desastre: liquidar la casa, deshacerse de los muebles. Destruir una manera de vivir para trasladarse a otro lugar”.
Con una voz que todo el tiempo recuerda la onda corta con que transmitía Radio Moscú para tratar de sacar las vendas a una desinformada sociedad chilena, Varas se esmera –como si estuviera en un estudio y con la luz roja encendida– por contar las cosas de la manera más exacta posible, con todos los detalles de fechas y nombres.
Su padre insistía mucho en que estudiara una profesión, pero por sobre todo no quería que fuese cura ni militar. “No tenía muchas ganas de estudiar en la universidad y además en mi casa había pobreza. Los militares ganaban muy poco en ese tiempo y sospecho que eso se agudizaba un poco más de lo necesario porque mi padre jugaba a las carreras: era una sangría permanente y uno de los motivos principales de fricción con mi madre. Tenía menos ropa que cualquiera de mis compañeros. Había períodos en que no había mantequilla y a mí me encantaba el pan con mantequilla. El rancho modificaba mucho su estructura, empezábamos a comer papas con mote, con luche. Había cosas, como la carne, que desaparecían”.
INDEPENDENCIA Y POLÍTICA
Fue allí cuando decidió independizarse. Tiene tres ocupaciones paralelas. Estudia menos de dos años en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, trabaja como locutor de Radio El Mercurio y en la compañía de seguros La Metropolitana. Necesitaba mayores ingresos. Tenía 22 años y quería casarse.
En ese mismo período publica su segundo libro y su primera incursión novelesca: “Sucede”, texto parido luego que un librero de origen judío ruso –Carlos Cesarman– decidiera editar esa prosa vanguardista que, según el mismo Varas confiesa, tenía mucha influencia del norteamericano John Dos Passos.
Ya había un primer editor interesado en él cuando se inscribió como militante del partido de la hoz y el martillo. “Entré al Partido Comunista cuando éste ya había pasado a la ilegalidad. Eran los tiempos de González Videla y su régimen de represión, con los primeros campos de concentración en Pisagua”.
Su luna de miel comunista sufriría una patada en las canillas en 1959, cuando Varas estuvo tres años trabajando en una radio en Checoslovaquia. “Allí viví el socialismo tal cual era, y no me gustó”.
GENERACION DEL ’50
Aun cuando la obra de Varas se inscribe temporalmente en la llamada generación del ’50, al autor de “El correo de Bagdad” no le interesa ser clasificado con ese mote.
“El término fue inventado por Enrique Lafourcade, pero yo no participé de ninguno de esos círculos. No había una relación personal con ellos. No sé si fue por una cuestión de carácter, pero me daba cierto pudor hablar de literatura. De huevón no más. Esa generación no fue tan politizada como yo u otros que tomamos un camino de definición política más fuerte, que seguimos a Neruda como poeta y además admiramos su posición”.
Por esos años, Varas prefería participar de las tertulias literarias organizadas por Joaquín Gutiérrez, escritor costarricense y vendedor jefe de la Librería Nascimento. “Él era comunista y a las conversaciones llegaban, entre otros, Mariano Latorre, Joaquín Edwards Bello y Nicanor Parra. Eran amigos de Gutiérrez, mayores, y yo iba a escucharlos. Nunca he sido bueno para hablar, soy más bien lacónico”.
BICHO RARO
Varas participó activamente en el Gobierno de Salvador Allende. Tanto así, que llegó a ser director de prensa de TVN hasta el 11 de septiembre de 1973. Ese mismo día, junto al escritor Fernando Alegría (“Lautaro, joven libertador de Arauco”), se disponía a viajar a Isla Negra a ver a un enfermo y canceroso Pablo Neruda. Luego de hablar por última vez con él y estar algunas horas en el canal, Varas comenzaba una larga diáspora, que lo tuvo desde diciembre de 1973 hasta 1988 fuera del país. “Fui a fondearme a una casa en Bellavista, pero el lugar era pésimo como refugio: empezaron a llegar puros peces gordos. Rodrigo Rojas (director de “El Siglo”), Carlos Toro (subdirector de Investigaciones) y unos cabros huevones de la Jota, que llegaron con un canasto lleno de bombas Molotov. Era un desastre, el lugar más peligroso de Santiago. Como estábamos tan nerviosos, nos tomamos una caja de botellas de pisco y nadie se curó”. Luego vendría el asilo en Alemania Federal y la famosa y enigmática letra “L” en su pasaporte.
–¿Nunca pensó en quedarse y hacer su vida en el exilio?
–No. Nosotros vivíamos en función de Chile. Un día me comunicaron con Volodia Teitelboim, quien desde el 15 de septiembre ya estaba transmitiendo desde Moscú “Escucha Chile”. Él me pidió que viajara para ayudar al programa.
–Las razones para entregarle el premio tienen que ver con su trayectoria y principalmente por sus cuentos. ¿Por qué su trabajo no aparece mucho en las antologías que se han hecho en Chile?
–No sé. El único libro de cuentos que publiqué antes del golpe fue “Lugares comunes”, mi gran volumen de producción fue desde 1988 hasta acá. Creo que tiene que ver con que principalmente mi actividad laboral ha sido ser periodista. Como que estoy en un circuito distinto al literario. Yo no creo en que haya categorías que diferencien, pero muchos sí lo creen. Entre los escritores, un periodista es un bicho distinto. Yo siento que quedé marginado de ciertos circuitos de circulación, en parte por el exilio. No sólo desaparecí yo, sino que mucha otra gente.
–¿En qué le va a cambiar la vida el premio que acaba de ganar?
–En nada. Me lo tomo con soda. No me creo el hoyo del queque. Yo vivo de una pensión como periodista, donde recibo 450 mil pesos. La ley de exonerados políticos me dio un aporte de 20 meses de antigüedad. El premio me va a facilitar algunas cosas, a resolver problemas prácticos, me da cierto desahogo.

Tuesday, July 04, 2006


Bill Murray llega a Chile con “Flores rotas”, de Jim Jarmusch
Payaso triste
Es actor de culto para los directores más vanguardistas de la industria. Luego de dar tumbos en papeles de bajo calibre, dio en el clavo con una cómica melancolía que incluso lo llevó a ser nominado al Oscar. Este jueves se estrena la última pieza de un clown que, después de los 50, se consagró llenando la platea de risas y vacío.

Por Franco Fasola
Don Johnston es un lacónico y millonario cincuentón que acaba de ser abandonado por su última y joven mujer. Impávido, no se puede despegar de un televisor que pasa una película en blanco y negro. Mientras, una misteriosa carta rosada de una de sus tantas ex parejas le habla de un hijo perdido. Con los ojos hacia adentro, este confundido Don Juan inicia un recorrido en búsqueda de una paternidad desconocida y una larga lista de amores fracasados.
Así comienza “Flores rotas”, la última genialidad del director Jim Jarmusch y del clown Bill Murray, ese que por mucho tiempo fue sólo uno más de “Los cazafantasmas” y que ahora es actor de culto para directores como Wes Anderson (“Rushmore”, “Los excéntricos Tenenbaum” y “Vida acuática”), Sofía Coppola (“Perdidos en Tokio”) y Jim Jarmusch (“Coffee & cigarettes”).
LA RISA MELANCÓLICA
Murray tiene 56 años. Su carrera es la que quisiera tener cualquier actor cómico tipo Jim Carrey o Adam Sandler cuando pasen la barrera de los 50. Estudió en un colegio jesuita, fue expulsado de los boy scouts, de la carrera de Medicina y estuvo preso por contrabandear marihuana.
Cuando uno lo ve en “Flores rotas” sentado en el comedor de una de sus ex mujeres, preguntándose cómo puede llegar a cambiar la vida, sin inmutarse, sólo con finos gestos y la mirada ausente, nos recuerda que la actuación, más que una tarea física, es emotiva. Tal como lo hizo magistralmente en “Perdidos en Tokio”, la cinta de la hija de Francis Ford Coppola, Sofía, quien escribió el papel de un desencantado actor que está de paso en Tokio para grabar un comercial de whisky, lo que le valió una nominación a mejor actor de la Academia.
Ahí, y mientras le canta una canción en un bar karaoke a la bella Scarlett Johansson, muchos comprobaron que Murray era más que el cómico que a comienzos de los ’70 era parte de “Second city”, una tropa de improvisación teatral de Chicago. Y mucho más que sus gags en el programa “Saturday night live”.
“Quizá lo que me está ocurriendo es que ese minimalismo procede directamente de la progresiva pérdida de mis habilidades y talento interpretativos. Bueno, quizá la razón de todo esto es que aprecio más sugerir que parlotear. Creo que las emociones son más fuertes cuando se transmiten con gestos, con las miradas más que con las palabras”, dijo a la prensa mundial luego de que la película que se estrena este jueves en Santiago ganara el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2005.
LA PESTE DE HOLLYWOOD
Para este hombre, el reconocimiento llegaría después de un fracaso estrepitoso en “Al filo de la navaja”, proyecto que lo deprimió al extremo de rechazar papeles como los de Jack Nicholson en “Las brujas de Eastwick”, el de Dustin Hoffman en “Rain man” y el de Michael Keaton en “Batman”.
Es que a Murray no le gusta Hollywood y mientras rechazaba papel tras papel se fue a estudiar a La Sorbona, donde parecían entender mejor su humor. “Siempre me he sentido muy afín a la cultura y forma de vivir europeas. Me siento uno de los norteamericanos más europeos de mi país. Y me parece nefasto el aislamiento en el que el Presidente Bush Jr. nos hace vivir hacia el resto del mundo, una prepotencia a menudo basada en la ignorancia. No tengo agente ni publicista. No necesito intermediarios. Siendo una persona pública, a veces me veo fastidiosamente molestado por personas a las que no conozco. Hay otras que conozco y aprecio, otras que aprecio pero olvido fácilmente, y otras definitivamente pestíferas. Y sé cómo protegerme. Es por eso que vivo en Nueva York y no en California. No hay nada peor que estar rodeado por gente del negocio del entretenimiento con enormes fortunas”, dijo al diario “El Mundo” tras ganar Cannes con “Flores rotas”.
Bill Murray ha hecho muchas películas. Algunas buenas y otras no tanto. Pero su mayor cualidad es convertirse en un enorme espejo donde su rostro ya no le pertenece, sino que es el propio reflejo de quien lo mira.
Murray, luego de ser un paria destinado a la mediocridad, aprendió la fórmula, como dijo en una entrevista incluida en el material extra del DVD de “Rushmore”, la película que lo lanzó a una tardía y extraña devoción: “Llevar el control de mi carrera; escoger guiones buenos sin preocuparme demasiado si lo que me tocará es un protagónico o un secundario, y disfrutar de este gratificante equívoco en el que parezco haberme convertido, en una suerte de actor fetiche para los mejores directores jóvenes que, además, se ponen a escribir guiones pensando nada más que en mí... Digamos que tuve la suerte de ser loco al principio y cuerdo al final; no conviene empezar como cuerdo y terminar loco”.

El regreso pop de Mike Patton ya está en Chile
El atleta del ritmo
“Cada canción es su propio universo”, dice el ex vocalista de Faith no More. Al borde de los 40, el estrambótico y talentoso músico quiere ser digerible por las masas con su último invento: “Peeping Tom”. Al “cumpleaños de monos” asistieron Bebe Gilberto, Massive Attack y Norah Jones.
Franco Fasola

“Usa pedazos de ti mismo. Fluidos corporales. Mira a la izquierda y a la derecha. Examina las pertenencias de otros. Toma prestado. Roba. Y trata de obtener algún tipo de placer mientras lo haces”.
(Mike Patton, en el ensayo “Cómo nos comemos a nuestros hijos”, del libro “Arcana: Musicians on music”).


Hace 15 años, la prensa nacional quedaba completamente atónita con una contratación de última hora para participar en el Festival de Viña del Mar de 1991. Provenientes del Rock in Rio brasileño –y en reemplazo de una banda de la que hoy nadie se acuerda, Level 42–, unos hiperquinéticos chascones que mezclaban metal, funk y rap subían a la Quinta Vergara sin que muchos entendieran qué era lo que allí estaba pasando. Antonio Vodanovic y Paulina Nin daban las gracias a “No más fe” por presentar en Chile su último disco, “The real thing”, sólo disponible en casete y CD por importación directa por esos días.
De nada de eso se debe haber enterado Mike Patton, el excéntrico vocalista de Faith no More, un jovenzuelo de entonces 23 años que gritaba y se revolcaba en el escenario como un frenético demente, provocando la angustia de los perdidos camarógrafos de TVN y la risa nerviosa de Vodanovic, a quien le terminó dando una cariñosa palmada en el trasero, además de dedicarle una canción a “mi amor, Myriam Hernández”.
Pasaron los años y la fama de los sicóticos californianos fue creciendo junto con la década. Mike Patton ya era el sex symbol de millares de rockeras del planeta que cantaban y bailaban lentamente el cover de The Commodors “Easy” y pataleaban de rabia con “Digging the grave”.
Faith no More volvería a Chile en 1995 para tocar en el Monster of Rock del Teatro Monumental. De ese recital queda el recuerdo de una impresionante lluvia de verdes escupitajos y gorgojos recibidos con risa sádica y boca abierta por el bueno de Mike, quien en esa ocasión comenzó a transformarse en mito urbano, luego de, supuestamente, haber carreteado en el famoso tugurio 777 con el actor Luciano Cruz Coke y convertirse en íntimo del escritor Alberto Fuguet. Patton ya era, desde esa extraña visita en 1991, el primer ídolo globalizado que recibía el amor chileno.
REY POR UN DÍA, TONTO DE POR VIDA
Mike Patton nació en 1968 y a los 20 años de edad se convirtió en el líder y vocalista de una banda que tocaba en bares e invitaba a los más borrachos parroquianos a subirse al escenario a cantar. En reemplazo del último alcohólico de turno llegó Patton, la mente y el grito gutural tras la metralleta de exhibicionismo verbal y la meada transgresora sobre las buenas costumbres que lo llevaron incluso a guardar su vómito en una caja de jugo de naranja y a dejar medio kilo de sus propias heces en la puerta de la casa oficial de lady Di y el príncipe Carlos.
Con el fin del siglo, Patton y sus compinches terminaron con la magia y potencia musical y lírica de Faith no More. Corría 1997, pero Mike siguió con sus descabellados proyectos musicales: Mister Bungle, nombre venido de un payaso que asesinaba niños mientras repartía la torta, o Fantomas –por el nombre de una viejo film mexicano–, una especie de cómic musical que rediseñaba famosas bandas sonoras de películas y otro proyecto con el nombre y la actitud de un cohete: Tomahawk.
MÚSICA PARA INADAPTADOS
“Es hora de hacer las cosas a mi manera”, dijo cuando se aburrió de los sellos y fundó Ipecac Records. “Todas las cosas buenas tienen una forma de llegar al público y creo que es nuestra responsabilidad, o al menos es la mía, encontrar esa mierda. Esa es una de las razones por las que comencé un sello discográfico: para dar un hogar a algunos inadaptados musicales y poner un techo sobre sus cabezas”, dijo hace unos días al portal SuicideGirls.com.
Ahora, y en Ipecac, el amante de la coprolalia se aventura con un álbum en clave pop, que hizo en colaboración con nombres tan disímiles como la brasileña Bebe Gilberto, los ingleses de Massive Attack, el padre del drum and bass, Amon Tobin, y la angelical Norah Jones.
“Hay peligro en cualquier cosa que sea poco familiar. Ese es el mundo en que vivimos. La gente quiere ser recordada y palmoteada en la espalda; todos quieren que les digan cosas que ya saben. Estamos siendo constantemente alimentados por imágenes y se nos está diciendo qué nos debe gustar, qué es lo bueno, y la mayoría de las veces pienso que la gente disfruta viviendo así. En mi universo, ‘Peeping Tom’ es música pop, groove, como quieras llamarla. Esta es mi música romántica para llorar bien fuerte. Sé que esto no es Kylie Minogue o The Strokes y me doy cuenta que todo lo que hago siempre será un poco bastardo”, dijo al espacio de las chicas suicidas.

SYLVESTER STALLONE REVIVE A ROCKY, RAMBO, E.A. POE Y TIENE REALITY

Duro de noquear

Luego de la desastrosa “Driven” todos lo daban por jubilado. Tiene 60 años y aunque lo había descartado, va a volver para resucitar a dos de sus personajes legendarios y al maestro del cuento de terror. Además en “People & Arts” lo podemos ver motivando a boxeadores en un reality que es un éxito en Estados Unidos.
Franco Fasola

La boca está torcida. Los ojos parecen colgar en la cara. En la mano, su AK-47 humea frente a 149 vietnamitas muertos. Antes, la misma mueca facial de sufrimiento y poder se elevaba en el ring para buscar a su abnegada esposa, Adrian, entre el público. Mientras, la melosa y pegajosa “The eye of the tiger” zumba en los oídos. Solitario defensor de la patria o inmigrante que cumple el sueño americano.
Esa es la imagen que tenemos de Sylvester Stallone, quien con casi 60 años, pretende revivir a Rocky, Rambo y además es el conductor del reality “El retador”, exhibido en Chile en el cable y que además quiere hacer una película sobre la vida del escritor de terror Edgar Allan Poe.
Hijo de un peluquero siciliano y de una astróloga aficionada y promotora de lucha libre, Sylvester Enzio Stallone estuvo a punto de morir por darle realismo a “Rocky IV”, mientras el actor escandinavo Dolph Lundgren lo dejaba en la lona y luego en la terapia intensiva de un hospital. Pero Sly es un duro de matar. Incluso después de “Driven”, el fiasco que protagonizó junto a Cristián de la Fuente.
DEL PORNO A LA GLORIA
Antes de llegar a la fama, Sly fue expulsado de once colegios durante su juventud. Su boca chueca no es una mueca estudiada. Es la secuela de una parálisis facial que sufrió en el nacimiento. Fanático de los cómics, se quebró once huesos intentando emular a sus héroes de historieta.
Luego de una crisis existencial por su incierto futuro laboral, estudió dos años en Suiza, pagándose las clases como monitor de gimnasia para adolescentes. También trabajaría como limpiador de jaulas en el zoológico, vendedor de pizza y acomodador de cine.
Luego de su paso por la Universidad de Miami y de deambular sin éxito por cuanto casting podía, logró un papel de mediana importancia en una película de tennegers rabiosos “The lords of Flatbush”. Pero al salto de la mata estaba el éxito y el tan ansiado reconocimiento que siempre deseó.
Luego de una noche de boxeo, en que fue a ver cómo Mohammed Alí demolía a golpes a un desconocido llamado Chuck Wepner, Sly tuvo una revelación. Ante la mirada atónita de este actor fracasado -que incluso había incursionado en una película porno-, Wepner, el anónimo, aguantó 15 rounds frente al campeón. Luego de tres días insomne dictando mientras su esposa mecanografiaba, la historia de Chuck se convirtió en el guión de “Rocky”: la película que ganó tres Oscar en 1976 (mejor película, director y montaje). Claro que antes que se hiciera realidad, se le cerraron todas las puertas en su torcida boca. Finalmente, United Artists le creyó. Y se hicieron, hasta el momento, cinco largos con la historia del semental italiano que entrenaba azotando trozos de carne en el matadero y que luego conseguía gloria y fama.
LA VENGANZA DE JOHN RAMBO
Rambo, el hijo comando de la mente de Stallone, también pasó a la historia a base de balas, músculo y patriotismo muy saludable en los primeros años del gobierno de Ronald Reagan. Hasta hoy, ambas sagas han logrado más de dos mil millones de dólares en todo el mundo. Mientras, Sly saboreada su triunfo. Se separó de su mujer, Sasha Czack, que había mecanografiado Rocky y se casó con la escultural Brigitte Nielsen, historia que terminó en un rotundo fracaso.
Es dueño de la cadena de hamburguesas Planet Hollywood. Juega cricket, tiene una colección artística multimillonaria de Dalí, Monet, Botero y Warhol. “Sé que he estado interpretando papeles monosilábicos como un trozo de carne pero es que te atrapan. Firmas el contrato y te dejas seducir por la seguridad de no tener que volver jamás al lugar de donde vienes”.
Y así lo ha hecho. Luego de casi 30 años de haber saltado a la fama con la historia del boxeador que va en busca del sueño americano, Sly decidió resucitarlo. “Algunas personas piensan que no es buena idea, pero precisamente por eso voy a filmar ‘Rocky VI’”. Y hay más. Si “Rocky VI” lo dejó en la lona, espere. En cuatro meses más, el veterano de Vietnam John Rambo volverá a la pantalla por cuarta vez. Ahora tiene que salvar a su hija de 10 años.
REALITY Y POE
Stallone nos deja golpeados. Todos los martes en el canal “People & Arts” aparecerá conduciendo la nueva sensación de los reality shows norteamericanos. “The contender” (El retador) está hecho a la medida de Sly: 16 boxeadores -el latino, el joven del gueto, el matón, etc.- se enfrentarán entre sí para ver quién gana el millón de dólares de premio. La regla de oro del programa que comparte con “Sugar” Ray Leonard es que “el boxeador no pelea por él, sino por los suyos”. Y eso no es todo. Stallone además quiere incursionar de nuevo como director (su último trabajo fue “Rocky IV”, en 1985), para mostrar la vida de Edgar Allan Poe, el maestro del terror muerto en 1849 que será interpretado por Robert Downey Jr.

Tuesday, May 02, 2006


Asesinos
Muy pocos pueden imaginar lo que pasa por la cabeza de un ser humano que disfruta degollando o masticando a sus víctimas. Desde el o los asesinos de Hans Pozo –el descuartizado de Puente Alto– pasando por “el Tila”, los internacionales Andrei Chikatilo, Pedro Alonso López, o los literarios Raskolnikov de “Crimen y castigo” o Meursault de “El extranjero”, el asesinato es tan antiguo como la humanidad. Acá, una galería siniestra de los personajes más terribles de la vida real y de los libros.
Nación Domingo

Por Franco Fasola
Génesis 4: “Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”.
Todo comenzó hace casi una semana. Un niño de la población Marta Brunet de Puente Alto miraba impávido cómo un simple quiltro jugaba con los restos de un pie humano. Hans Hernán Pozo Vergara, un joven de 20 años que vivía dentro de una camioneta, había sido faenado y trozado como un cerdo y luego repartido a piacere por la pobla. Piernas y brazos sin manos ni pies. Una cabeza sin nariz, un rostro desfigurado. Las huellas digitales cercenadas y un tronco sin glúteos ni vísceras.
¿Cómo funcionaban los 300 millones de conexiones y 10 mil millones de células del cerebro del o los asesinos de Hans Pozo? Hasta hoy no lo sabemos, pero no se sorprenda si aparecen más víctimas trozadas por algún rincón de Santiago. Según la experiencia de la doctora Helen Morrison, autora de “Mi vida con los asesinos en serie”, “una vez que empiezan a matar, no hay modo de rehabilitarlos por completo”.
LA SUMA DE TODOS LOS MALES
En Chile y el mundo son muchos los que partieron como el o los asesinos del descuartizado de Puente Alto. Según Morrison, la tesis más estrafalaria respecto al origen de un asesino corre por cuenta del sicólogo Joel Norris, autor de “Serial killer”, quien aventura que la dieta, las carencias vitamínicas y la desnutrición inducen a actuar a un asesino en serie.
Pero más allá de eso, Morrison postula que estos asesinos actúan sin motivo alguno. Carecen de una personalidad estructurada y no encajan en las teorías comunes sobre el desarrollo postuladas por Freud o Kohut. No son sicópatas, ya que éstos tienen la capacidad de controlar sus pensamientos, acciones y sentimientos. No sufren retraso mental; por el contrario, muchos presentan un coeficiente intelectual por encima de la media. No son seres humanos sicológicamente completos, pese a ser capaces de imitar e interpretar patrones de conducta normales.
En Chile es cosa de escarbar en algún recóndito pueblo para encontrar alguno de esos especímenes que llenan las páginas policiales de los diarios.
Tal es el caso del hacha chilote de Rubén Millatureo, temporero de la pesquera Promex. En las lluviosas tierras de Queilén (Chiloé), Millatureo mató de un hachazo en la garganta a Isidro, su padre, de 74 años. Tres meses después se deshizo de Claudio Reyes Sandoval, vendedor viajero al cual le adeudaba 24 mil pesos. Luego de matarlo –también de un hachazo– lo enterró junto su padre en una leñera en el patio de su casa. Era fines de 1997.
En marzo de 1998 resolvió asesinar a María Fomantel, vecina, amiga y secretaria de la pesquera donde trabajaba. Después de mantener relaciones sexuales, Fomantel le advirtió que si seguía acosándola, lo denunciaría a Carabineros. Ante tal amenaza, Rubén tomó el hacha y la mató. Escondió el cuerpo en una pieza de su casa y volvió a trabajar. Fue detenido al día siguiente.
DARDIGNAC, DUBOIS Y OTROS CHICOS DEL MONTÓN
Mientras miraba titulares como “Tratan de dilucidar el hallazgo de osamentas en calle Dardignac”, Roberto Haebig reía placenteramente ante las especulaciones sobre el hallazgo de un cementerio indígena en su casa.
Haebig tenía muchas razones para sonreír. Había logrado deshacerse de los cuerpos de sus víctimas por medio de la misma policía, que los retiró desde su jardín creyendo que se trataba de restos humanos del mentado suelo indígena. Con lo que no contaba Haebig era que se encontraran dos cuerpos con una data de no más de dos años, ambos con perforaciones de cráneo. Una de sus víctimas fue un anticuario del mercado persa con quien tenía una deuda.
El asesino de Dardignac lo hizo pasar a su casa, le ofreció un café y le dio un balazo en la nuca, enterrándolo en el supuesto cementerio indígena. Dos meses después, un empleado sospechó algo raro y esa fue su sentencia. Haebig, gran mitómano, luego de confesar su crimen, fue condenado a 46 años de cárcel y salió libre en 1971.
Otro de los recordados en la galería de asesinos son el poético “Tila”, que se suicidó en la cárcel, y Emile Dubois, quien a principios del siglo XX cometió más de diez asesinatos, entrando a la casa de sus víctimas y matándolas sin compasión para convertirse en el primer condenado a muerte y ejecutado de la justicia chilena.
Pero tal como lo hacía Dubois en Valparaíso, en Iquique, hace algunos años, Julio Pérez Silva, el sicópata de Alto Hospicio, se convertiría en el peor asesino en serie de la historia chilena. Desde el 17 de septiembre de 1998, cuando recogió en la costanera de Iquique a Graciela Montserrat Saravia, de 17 años, a quien dijo haberle ofrecido dinero por sexo. Pero según Pérez Silva, ella habría intentado robarle. Y él la golpeó hasta matarla. Luego, lavado, peinado y con el mote de “hombre modelo y buen vecino” secuestró, violó y asesinó a más de una docena de jovencitas. Aunque fue condenado a presidio perpetuo, y quizá igual que el o los asesinos de Hans Pozo, Pérez Silva todavía no sabe por qué lo hizo. LCD
Crímenes de novela
Lúgubres o amantes desbordados. Miserables o feroces homicidas han sido carne literaria de plumas como las de Fiodor Dostoievski, Albert Camus o Ernesto Sábato.
“Crimen y castigo”, Fiodor Dostoievski
La culpa moral y los remordimientos del pobre Rodion Romanovich Raskolnikov lo llevan a matar a una vieja usurera (Alena) y a su hermana (Isabel), a quienes da muerte con un pequeño hacha en la fría San Petersburgo. Mientras, no para de pensar y queda al borde de la demencia.
“El túnel”, Ernesto Sábato
Con un cuchillo de cocina, y luego de masticar un gran desprecio por la humanidad, el atormentado Juan Pablo Castel se transformó en el asesino de su novia María Iribarne en una estancia de Buenos Aires.
“El extranjero”, Albert Camus
En la abúlica y sofocante Marrakesh, el sinsentido existencialista de Meursault aparece abominable, cuando asesina con un revólver y sin ninguna justificación a un árabe que ve en la playa, cerca de la cabaña a la que fue a pasar un fin de semana con su mujer y amigos.
Los más sanguinarios
Según Steven Egger, profesor de Criminología en la Universidad de Illinois, los asesinos en serie tienen las siguientes características: “Deben asesinar entre tres y cinco víctimas mínimo, con un período de tiempo estable entre cada muerte. Reflejan su sadismo en los asesinatos que cometen y su supuesta ‘superioridad’ frente a los demás. En su mayoría, las víctimas no guardan relación con el asesino. El motivo es sicológico pero no material. Las víctimas tienen un valor simbólico. Normalmente, el asesino las escoge por su vulnerabilidad”.
Éstos son los más notables de la historia reciente:
Pedro Alonso López: El monstruo de los Andes
300 fueron las víctimas conocidas de este hombre que deambuló desde su natal Colombia hasta Perú y Ecuador para escoger a niñas de comunidades indígenas, a quienes, confesó, violaba y luego estrangulaba mirándoles fijamente a los ojos.
Harold Shipman: Doctor Mortis
Con 215 víctimas en el Reino Unido, este doctor elegía a sus víctimas –por lo general, ancianas en buen estado de salud– en su propia consulta. Luego de sacar número, las ancianitas eran inyectadas con una dosis mortal de heroína.
Henry Lee Lucas y Otis Toole: El dúo caníbal
Entre sus viajes de caza y gente que hacía dedo en la carretera salieron las 200 víctimas de esta sanguinaria dupla que violaba, asesinaba y luego se comía los cuerpos.
Andrei Chikatilo: El ciudadano X
Así fue llamado este hombre, quien sufrió un trauma por la muerte por hambruna de su hermano. Ucrania supo de las 53 personas a las cuales descuartizó y masticó, recibiendo gran placer sexual. Nadie quería creer que en la ex Unión Soviética había un asesino en serie. Chikatilo fue detenido en 1993 y ejecutado con un tiro en la nuca.